El precio de la elegancia
Capítulo 5
Con
una camisa de seda rosa crudo, zapatos semejantes a los de baile del
mismo color, un blazer de animal print de color negro y un short de
lentejuelas del mismo tono con un bolso de Dior haciendo juego, con
su cabello atado en una coleta de costado, y su maquillaje
pronunciado, Elizabeth apareció en su primera clase de aquel día. {
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}
— ¡Tú, Barbie! —le grita una chica, detrás de esta, pero como su nombre
no era "Barbie" no se giró ante el alarido de esta.
— ¡Te
estoy hablando! —le dice molesta, tocándole el hombro para que se
girara, y Elizabeth en un instante se puso de pie.
—No
me toques, tus manos sucias dañan una pieza magnifica de Gucci.
—Eres
tan arrogante. —dice la muchacha, con su traje de milicia,
reconociéndola Beth, se da cuenta, que es la misma que le habló el
otro día, la cual estaba junto con Jason.
—Y
tu eres tan desagradable, puedo sentir tu perfume barato desde aquí.
¿No sabes que el perfume habla de una mujer más que su propia
caligrafía? El tuyo, te describe tan cual eres: corriente y
ordinaria.
— ¡Te
mato! —le grita esta, arrojándose contra la muchacha, pero antes
de poder tocarla, dos chicos se ponen frente a ella, deteniendo su
paso.
—Magda,
¿qué haces aquí? —le pregunta uno de los chicos, con el ceño
fruncido.
— ¡Ésta
ha echo que la Sra. Donal sea despedida! ¡La echaron como un perro a
la madrugada! —grita la chica, con furia.
—
¿Magdalena?
Hasta tu nombre te delata de lo que en verdad eres. —dice con
frialdad Elizabeth, haciendo que la chica trate de golpearla
nuevamente, siendo detenida por el otro muchacho, al cual, por su
altura y voz, pudo reconocer de espaldas como a Jason.
—Ven
aquí. —dice el chico, tomándola fuertemente del brazo, para que
no trate de safarse, pero no con tanta, para no herirla, y la saca
del salón casi a las arrastras.
— ¡¿Qué
diablos te pasa, mundano?! —le grita, una vez en los pasillos,
safándose de su agarre.
—Usted
si que es increible...
—Lo
sé, no es ni el primero ni el último que me elogia así.
—Créame,
que no es un elogio. Haga que reincorporen a la Sra. Donal.
—
¿Disculpe?
—pregunta, con incredulidad y burla en la voz.
—Ya
me escuchó, haga que la reincorporen.
— ¿Y
qué te hace pensar que fui yo la que la hizo echar? Tal vez, se
dieron cuenta de lo inapropiada que era para su cargo.
—Ayer
fue usted, hecha una fiera, a quejarse con ella y la amenazó y
ahora, está fuera de West Point.
—No
sé que hago hablando con un plebeyo sucio como tú... Quítate. —le
dice ella, empujándolo a un lado, pero este, la toma del brazo.
—Sé
que usted no sabe lo que es el verdadero sacrificio y no tiene idea
lo que la Sra. Donal pasó para llegar a su puesto, pero no sea una
malcriada y caprichosa y se desquite con alguien porque le dicen por
una vez "no".
—Eres
un maleducado insolente, pero déjame decirte algo pobretón, y
espero que lo recuerdes siempre. No importa cuanto tu, y los de tu
clase luchen y se esfuerzen, los de mi clase, con solo mover un dedo,
conciguen lo que tu, concigues en años. Aprende eso cariño.
Entiéndelo, acéptalo y sigue adelante. —le dice esta, soltándose
finalmente de su brazo, y volviendo al salón.
— ¿Crees
que te vas a salvar?
—Por
favor, sirvienta. Cierra la boca, tu voz chirriante está aturdiendo
mi psiquis. —le dice esta, colocando dos dedos sobre su frente. —Y
sal de aquí antes de que te vayas a hacerle compañía a la Sra.
Donal. —le dice con frialdad haciendo que el chico que estaba a su
lado, la tome por los hombros y la saque del aula.
Con
una camisa anudada de jean, un short blanco con flores y unas
zapatillas turquezas, Elizabeth comenzó a trotar, luego de sus
clases, alrededor de la escuela. Debía admitir una cosa, el paisaje
de ese lugar y el aire que se respiraba eran maravillosos, y a pesar,
de que el condado de Orange, a las afueras del estado de Nueva York
donde lo único que valía la pena era su adorada pero lejana
Manhattan, le parecía bien, dentro de todo. Lástima los plebeyos
que inundan aquel lugar. Y vaya que eran muchos.
— ¿Cómo
puede alguien creerse mejor que otros? —le pregunta una voz, detrás
de ella, haciendo que esta, se girara sorprendida para encontrarse
con la castaña de la otra vez. Magdalena.
—Será
porque soy mejor que otros. Mejor que tu, particularmente si te lo
preguntas.
—Eres
odiosa.
—Y
tu eres... Nadie. Así que, piérdete.
—No
están ni Jason ni mi hermano, ahora si que no la vas a sacar barata,
princesita. —le dice, acercándose a ella, y como Elizabeth, era
toda una dama refinada, lo único que sabía era de etiqueta y
protocolo, siendo una señorita con todo el renombre de aquella
palabra, no tenía ni la más pálida idea como pelear. Y así fue,
como en menos de un minuto, sintió a la chica, abalanzarse sobre
ella, y jalando su cabello se colocó sobre esta, golpeándola en los
brazos, y luego en el rostro, lo que más Beth quería preservar, y,
cuando la estaba jalando de los hombros, movió su cabeza
estampándola contra el suelo, sumiendo a Elizabeth en la
inconciencia.
—No
te hagas la idiota princesa, y pelea. —le dice esta, golpeándola
nuevamente en el estómago, pero al no obtener ningun gesto de la
muchacha, se dio cuenta que estaba completamente desmayada. Asustada,
de que hubiera hecho algo más que "asustarla", comenzó a
llamarla desesperadamente, pero esta, no contestaba. Así que, sin
más, tomó su celular y marcó el número de la persona que sin duda
iba a ayudarla, luego de unos cinco minutos, donde las lágrimas en
Magda no tardaron en aparecer, Jason hizo acto de presencia, mirando
conmocionado la escena.
—
¿Elizabeth?
—pregunta, moviendo a la chica, la cual, continuaba con los ojos
cerrados. — ¿Qué les haz hecho, Magda?
—Yo
quería asustarla, no pensé que... —dice, con ahogo en la voz.
—Elizabeth.
—la llama el chico, examinando su rostro, donde un hilo de sangre
se colaba por la comisura de sus labios, y otro con el de su ceja
derecha, mientras que veía las marcas rojas en sus blanquecinos
brazos. —Srta. Elizabeth. ¿Me escucha? —le pregunta este, y al
ver que no respondía nuevamente, la toma en brazos y la coloca en su
espalda, agarrándola fuertemente para que no se caiga, cuando la
carrera comenzó.
Con
Elizabeth en sus espaldas, el muchacho la llevó hasta el hospital,
que debido a la escuela militar, era uno equipado para cualquier
emergencia que resultase, no como en una escuela convencional.
—Oh
por dios, ¿qué le pasó a esta niña? —pregunta una de las
doctoras, haciendo que Jason la coloque sobre la camilla.
Jason el heroe salvador, magda la bruja mala y elizabeth la niña ricachona q luego de una rato largo pierde el control... pero definitivamente a esta novela no le falta nada!!!!!!! Suguila con dientes y uñas no me separare mas de esta novela... dramma queen igual. Dime ¿ como haces para tener las palabras necesarias para describir la historia? Ahhh sierto, es el DON de Dann, jajaj y me encanta... plissss quiero masssssss la amo... besitos... gracias por seguir el bloggg. Significa mucho para mi... bye!!! :D
ResponderEliminarYo creo que a cualquiera le provocaría golpear muy fuerte a beth con esas contestadas que da jajajaja pero bueno tampoco es la solución y mucho menos casi matarla a golpes.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho el capítulo piggy, y si estoy muy bien algo nerviosa porque este fin de semana son la elecciones presidenciales en mi pais y bueno ando con los pelos de punta para que ya todo esta locura pase, esperemos que lo mejor pase.
Sin mas que decirte, aparte que me encanta como vistes a beth jajaja, feliz fin de semana y cuidate mucho mucho, besos boo