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jueves, 26 de septiembre de 2013

Reseña: Percy Jackson y el ladrón dell rayo - Rick Riordan


Título: Percy Jackson y el ladrón del rayo
Serie: Percy Jackson y los dioses del olimpo #1
Autor/a: Rick Riordan
Editorial: Salamandra
Género: Fantástico/Infantil-Juvenil
Año: 2005
Número de páginas: 301


¿Qué pasaría si un día descubres que, en realidad, eres hijo de un
dios griego que debe cumplir una misión secreta? Pues eso es lo que le sucede a Percy Jackson, que a partir de ese momento se dispone a vivir los acontecimientos más emocionantes de su vida. 
Expulsado de  seis colegios, Percy padece dislexia y dificultades para concentrarse, o al menos ésa es la versión oficial. Objeto de burlas por inventarse historias fantásticas, ni siquiera él mismo acaba de creérselas hasta el día que los dioses del Olimpo le revelan la verdad: Percy es nada menos que un semidiós, es decir, el hijo de un dios y una mortal.   
Y como tal ha de descubrir quién ha robado el rayo de Zeus y así evitar que estalle una guerra entre los dioses. Para cumplir la misión contará con la ayuda de sus amigos Grover, un joven sátiro, y Annabeth, hija de la sabia Atenea.


La verdad es que leí este libro porque no había nadie en la bloggsfera que no lo recomendara, y todos hablaban maravillas de él como el “nuevo Harry Potter” y no me pude contener a leerlo. Eso sí, tardé un poco, por una cosa o por otra, pero lo leí relativamente rápido (teniendo en cuenta que estoy leyendo cuatro libros al mismo tiempo :p)


El libro en sí, es genial. Me gustó mucho la historia, es fantástica, entretenida, llena de personajes conocidos (mitológicamente conocidos, claro) y apela a la “verdad” mítica de una manera que me encantó. Todo lo explican por mitos, y darle “veracidad” a los hechos cotidianos mediante dioses, fue un toquecito de el autor que me gustó mucho. Sin duda, el hecho de que ame la mitología griega también ayuda a que el libro me haya sido tan entretenido.


Percy Jackson es un chico con dislexia, hiperactivo y con un carácter firme y un poco revoltoso. Es decidido y orgulloso, pero también valiente y leal. Es el perfecto personaje heróico de los libros infantiles-juveniles, pero con un toque especial, como sus defectos de aprendisaje y sus salidas chistosas que adoré en todo el libro. A su lado estan Grover, que si bien es muy simpatico, no me terminó de caer del todo, como si hubiera sido lo mismo si estaba como si no, y Annabeth (amé el nombre al igual que el de Percy), es una chica inteligente y un poquitín estresante, pero que me cayó bien desde el inicio. Es hija de Atenea, y tal vez ello involucró en algo ya que es, junto con Artemisa, mi diosa favorita.


En fin, los personajes fueron, en gran medida geniales. La presentación del oloroso Gabe, el padrastro de Percy, como describen a Caronte, quién transporta las almas al inframundo, a Medusa, y a Hades, mostrando un lado más... Humano. Dejando claro que, a pesar de ser seres mágicos, tienen sentimientos y Percy a cada encuentro siempre recuerda ello, y eso me ha encantado.
La historia, como he dicho, es genial. Como los tres amigos se conocen, los momentos en el Campamento Mestizo, y más, el trayecto de los niños por todo Estados Unidos, viajando de Nueva York a California. Conclución, lo recomiendo muchísimo y mi puntación es un 9 porque al principio me aburrió un poquitín, pero luego se puso increíble. Saludos, Danna.

•9/10•



martes, 24 de septiembre de 2013

El precio de la elegancia - Capítulo 27


El precio de la elegancia 
Capítulo 27

Con una pollera entubada gris con negro de estilo escosesa, una camisa manga larga de color crudo con un moño en la parte del cuello, y una capa negra que caía hasta sus brazos, y rozaba su mano, la cual sostenía un bolso de color marrón claro acomposé con los zapatos de tacón. { http://www.polyvore.com/ladylike/set?id=62487419 }
Toda una reina de hielo. —susurró alguien detrás de Elizabeth, la cual, ya tenía ambos pies debajo de la escalera que daba a los dormitorios. Ella se giró, para ver a Jason. Suprimió su sonrisa, para mirarlo fijamente.
Sabes, me puse a pensar... No sé si prefiero al príncipe o al mendigo que hay dentro tuyo. —comentó ella, acercándose con petulancia al castaño.
¿Te atrae el mendigo? Ese es un descubrimiento bastante importante. —comenta en tono sorprendido el chico, en forma de burla, aunque verdaderamente lo estaba.
No me malentiendas. No es que me "atraiga", solo siento curiosidad hacia él. —dice ella, con una sonrisa. —Pero sin duda, el príncipe es el único capaz de cumplir con esa absurda apuesta que hicimos.
¿Y si esa absurda apuesta la duplicamos?
¿Perdón?
Si te digo que el que va a enamorarte no es el príncipe, si no el plebeyo.
No le daría ni una mirada de soslayo al mendigo. —afirma ella, con total sinceridad.
Debes descubrir que hay cosas más importantes que ser un príncipe...
Ya te expliqué esto en el baile que mi madre organizó. No seas pesado, por favor.
El precio de la elegancia, si. Lo comentaste. —dice él, recordando su charla.
Lo decía en serio cuando dije todo aquello.
Lo sé, es por eso que quiero hacerte cambiar de idea. —le dice él, sonriendo. —Vamos, tenemos que decirle al profesor si nos da una semana más para mostrar el avance de nuestra linea de ropa.
Oh, lo había olvidado completamente. —dice ella, colgándose la cartera en el antebrazo. —Debo llamar a Vladimir para que se apure con los últimos diseños.
¿Cuánto dinero piensas gastar?
Después de que mi padre me haya hecho vivir esos momentos tan incómodos en París, contigo y tu primo, me debe más de lo que he gastado en este último año.
¿Por qué creo que estás exagerando? —pregunta él, mientras caminaban hacia el salón de clase, captando la mirada de más de la mitad del alumnado que los veía pasar juntos. —¿Qué es lo que ven?
No pueden creer que una reina como yo, esté hablando, y todavía más, caminando, la lado de un bufón como tu. —dice ella, con una sonrisa.
Eso fue un poco cruel. —comenta Jason, frunciendo los labios.
El mundo es cruel, cariño. Entiéndelo, acéptalo y sigue adelante. —dice ella, con esa sonrisa socarrona que tanto odiaba Jason, y a la vez, que tanto amaba.
Tu eres un poco cruel... ¿No deberías tratar de cambiar eso?
¿No dijiste que te gustaba todo de mi?
Dije que te quería, con todo y defectos...
¿Defectos? —preguntó Elizabeth, parando su caminar. —Oh no, una Rockefeller no tiene, defectos. —dijo ella, confiada de sus palabras.
Todo el mundo tiene defectos, Beth.
No soy todo el mundo. —continúa ella, firme a su convicción.
La maldad es un defecto. Si tu dices que no tienes defectos, entonces trata de no ser malvada.
No soy malvada. Tal vez un poco de más sincera, y realista. Y esas dos cosas, no son defectos. —dice ella con una sonrisa, volviendo a caminar normalmente.
Entonces, ¿dices que no has hecho ninguna maldad desde que llegaste a West Point?
No... Bueno, seguramente tu concideras que lo que le hice a tu salvaje amiga fue una maldad, pero... Lo solucioné, y le regalé su casa. ¿Qué más bondad quieres?
¿Y antes que eso? ¿No has hecho otra maldad que no has solucionado? —pregunta él, haciéndola meditar por unos segundos, para que la chica, frunza el ceño.
Oh, no, no, no... Eso fue hace mucho. Si me pongo a solucionar todas mis presuntas maldades, no acabaría jamás.
Esa no pasó hace mucho. —dice él, acompasando su paso al de ella. —Si quieres seguir siendo perfecta, deberías solucionar ese pequeño defecto de tu vida.
Como sea, si eso te hace feliz. —comenta la chica, restándole importancia.
Ahora hasta haces cosas para hacerme feliz. —dice con felicidad, pero diciéndolo con un tono socarrón.
Cierra la boca, Pinault. No hagas que te golpee. —y luego, apura más el paso, para que él, corra a su lado, con gracia.

+ + +

¡Señorita Rockefeller! —grita una voz femenina detrás de ella. Elizabeth frunció el ceño, ya que se había levantado temprano, se había peinado con una trenza trigal negra, se había maquillado con su típico maquillaje oscuro delineando sus verdosos ojos, y se había colocado un vestido ajustado entubado gris de diseño escosés, con un bolado en la parte de la cintura, de strapless, zapatos de tacón negros, un bolso mediano a composé y un sobretodo verde esmeralda largo. { http://www.polyvore.com/heritage_with_gucci/set?id=59618984 }
Sra. Donal. —saluda la castaña, con una sonrisa política. Donde la pelirroja estaba vestida con su uniforme de militar, y detrás de ella había más de docientos alumnos de distintos sexo.
No parece sorprendida de verme. —dice la mujer, mirándola fijamente.
Yo fui la que hizo que la restituyeran a la escuela.
¿Usted? —pregunta la mujer, sorprendida ante tal declaración. — ¿La misma que hizo que me echaran? —Elizabeth suspira y agrega:
Lamento eso. —aunque en verdad no lo hacía, pero lo dijo solo para que Jason no la molestara, ya que el castaño estaba al lado de la Sra. Donal.
Le dije que había cambiado. —suelta Jason, haciendo que la mujer siga igual de sorprendida que antes, y también logrando que Beth pose sus verdosos ojos sobre el castaño.
¿Qué haces metido ahí, plebeyo de mala monta?
Adoro tu amor mañanero. —dice él, con ironía, pasándole un brazo por la cintura, logrando que Beth lo empujara lejos de ella. Y él, como si su rechazo fuera cosa de nada, habló: —Vamos, seguro no desayunaste.
Si, lo hice.
Deja de mentir. —le dice él, mirando hacia la señora Donal. —La veo después, general.
Así es, Jason. —comenta la señora, aún escéptica.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Reseña: Puro - Julianna Baggott



Título: Puro
Serie: Puro #1
Autor/a: Julianna Baggott
Editorial: Editorial Roca
Género: Distópica/Juvenil
Año: 2012
Número de páginas: 424

Pressia apenas se acuerda de las Detonaciones y menos todavía de como era la vida en el Antes. En el armario donde duerme, entre los escombros de na antigua barbería, piensa en como el mundo se transformó en ceniza, polvo, cicatrices, quemaduras y cuerpos dañados, fundidos con objetos extraños.
Están aquellos que se escaparon del Apocalipsis sin daño alguno, los Puros. Viven a salvo, dentro de la Cúpula que protege sus vidas, seres superiores y sanos. Pero Perdiz, cuyo padre es una de las personas más influyentes de la Cúpula, se siente aislado y solo. Cuando por casualidad escucha unas palabras que le indican que su madre podría continuar viva, Perdiz lo arriesga todo, incluida su vida, para salir a buscarla.
Y ahí es cuando se topará con Pressia...

Al encontrar el libro, he leido muchísimas reseñas que decían que la historia era fabulosa, increíble y no se equivocaron. Es sumamente nuevo e innovador, pero me aburrí como una ostra leyéndolo. No quiero insultar ni agredir a nadie (claro que no), pero a pesar de que los personajes tienen personalidades e historias fuertes, que el nuevo mundo está súper explicado (tal vez, un poco demasiado), los escenarios bien descritos y que todo da de diez, la historia se me hizo sumamente lenta. Cabe decir que lo estuve leyendo por un mes, leía una o dos páginas, me aburría y lo dejaba. O si no, lo dejaba por semanas y lo volvía a retomar.

Es obvio que no voy a leer el segundo, tal vez por curiosidad lo ojee, pero sinceramente, a pesar que el trabajo de la autora es excepcional, no me gustó ni un poquito. Lo único que puedo rescatar que me llamaba la atención era si iban a encontrar a la madre, y la relación de Bradwell y Pressia (que la adoré).

La reseña es bastante corta, porque no tengo mucho que decir del libro. Me descepcionó: si. Esperaba algo sumamente fabuloso, ya que en la tapa te habla de Los Juegos del Hambre, y no hay trilogía que haya amado más. Pero no, fue aburrido para mi, y si lo quieren leer adelante, pero los advertí. Saludos, Danna.


•4/10•


domingo, 22 de septiembre de 2013

Tren de Medianoche - Capítulo 1


Tren de Medianoche
Capítulo 1

Hija, sabes que te amo más que a nada.
Claro mamá, lo sé. —dije muy poco convencida, ya a estas alturas no creía en su palabra.
Saluda a tu padre por mí... Acuérdate, baja en la estación de Las Vegas, allí tomarás un taxi que te dejará en el departamento de tu padre, ¿de acuerdo?
Si. —contesté seca, no quería pelear con ella, pero tampoco quería que piense que me estaba mandando a Disneyland.
Luego de media hora en silencio se escuchó una voz masculina, retumbando en todo el recinto.
El tren que viene de Detroit, Michigan, llegará en quince minutos, el final del recorrido es en Los Ángeles, California. —volvió a repetir el mensaje una vez más y los quince minutos los esperamos en silencio. Sabía que mi madre quería decir algo, pero no se le ocurría algo suficientemente sustentable, o si quiera, lo suficientemente lamentable como para hacerme sentir mal por utilizar la "ley del hielo" con ella, o tal vez, era el simple hecho de no tener un contraataque sobre mandarme a 5.700 km de mi ciudad natal.
El tren aminoró su velocidad cuando se encontraba en la estación yo abracé a mi madre, besé su mejilla y me fui hasta el tren. Acomodé mi equipaje en la parte superior de mi asiento, y me senté, contemplando el paisaje del lugar. Me habré quedado dormida por al menos seis horas ya que el cielo se hacía diurno, y se podía contemplar como el sol iba escalando, escalón por escalón, hasta llegar a la cúspide, brillando en el último piso del cielo. Tomé mi bolso de mano y me dirigí al baño, lavé mi rostro y me maquillé un poco para quitarme esa cara de muerta que traía.
El tren se detuvo en la estación de Lincoln, Nebraska. Nos daban una hora para estar allí, donde yo fui a una cafetería de la estación y pedí un café expreso con dos de azúcar y un pastelito relleno. Así desayuné, sola y en silencio, claro... Silencio mío, ya que a mi alrededor se oía el pasar de la multitud, gente que bajaba del tren y mucha otra que subía. Saqué de mi bolso mi libro de Sueño de una noche de verano, el cual estaba algo avejentado porque mi padre me lo leía cuando tenía seis años de edad, un libro demasiado avanzado para una pequeña niña, pero me encantaba y lo tenía desde entonces, convirtiéndose en mi libro favorito sin contar por supuesto, el clásico Romeo & Julieta.
Saqué también, de mi bolso, un cuaderno con una cartuchera, y allí comencé a escribir, era algo que me fasinaba, poder, mediante letras, expresar como me sentía y en ese entonces: mal. El saber que me alejaba de mi escuela, mis compañeros, amigos, mi madre, mi casa, mi ciudad, mi... Todo. Todo lo que había construido en estos dieciseis años se iba por la borda en cuando mi madre conoció a Robert, del cual "está profundamente enamorada". Nótese el sarcasmo, porque según ella estaba enamorada de mi padre, y lo dejó en cuanto yo cumplí dos años y medio, luego fue Richard, luego llegó Paul, más tarde Liam, después apareció John, y mi madre, cuando se peleó con John, se fijó en su mejor amigo Lenny, y así la lista sigue y sigue. Y ahora, cayó a los ojos celestes, una buena posición económica y los versos de Oscar Wilde, en las redes de Robert.
Pero no quiero seguir con este monólogo tan deprimente, debido a que el pensar en ello se me revuelve el estómago y me hace odiar a mi madre un poco más de lo que ya la estoy odiando en estos momentos. El tren pitó dos veces, eso quería decir que ya se estaban por ir, así que junté mis cosas, dejé veinte dólares, con tres de propina, y me dispuse a ir al tren. Pero iba tan distraida, como es común en mi, que choqué con una persona.
Disculpa, no te vi. —dijo una voz apresuradamente, mientras se ponía de pie y me alcanzaba su mano.
Emm... Yo tampoco, lo siento. —musité, perdiéndome en sus ojos miel.
No, fue mi culpa, déjame ayudarte. —se ofreció, juntando mi cuaderno, con las biromes de la cartuchera. Todo en el piso.
¿El sueño de una noche de verano? Clásico... Aunque de Shakespeare prefiero Otelo, o Macbeth.
El sueño de una noche de verano es mejor, sin contar Romeo & Julieta.
Veo que eres una romántica. —musitó el muchacho, y yo me puse de todos colores. Aunque analizando mi acto, no entendí el por qué.
¡Todo mi amor apasionado lo soplo así al cielo! ¡Voló!... ¡Levántate, negra venganza, del fondo del infierno! ¡Cede, oh amor, tu corona y el corazón en que estabas entronizado, a la tiranía del odio! ¡Hínchate, pecho, bajo la cargazón que llevas, pues se compone de lenguas de áspides!
Otelo, lo sé, es muy buena pero: Ven, noche gentil, noche tierna y sombría dame a mi amor y, cuando yo muera, córtalo en mil estrellas menudas: lucirá tan hermoso el firmamento que el mundo, enamorado de la noche, dejará de adorar al sol hiriente.
Romeo & Julieta, eres toda una enamorada. —declaró colocando en mis manos la cartuchera cerrada, el cuaderno y mi libro.
Gracias. —le contesté, corriendo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
Y dime Romántica Shakesperiana, ¿tienes nombre?
Si me llamo... —y antes de poder decir más el tren hizo sonar nuevamente el ensordesedor ruido. —Lo siento, debo irme. —le dije, mientras corría lo más que podía hasta el tren, me encaminé hasta mi puerta de acceso, donde una chica de cabello negro me pidió el boleto, yo se lo dí y me dispuse a llegar a mi asiento.
Me quedé pensando en lo hermoso y romántico que era ese chico, o sea, ¿Cúantos chicos hay en el mundo que sepan de libros clásicos y se sepan una parte de memoria? ¿Cúantos chicos hay en el mundo tan atentos y caballeros? Deben quedar como máximo cuarenta en todo el globo, y haberme cruzado con un espécimen de esos, es un milagro.
Prendí mi mp4, y comencé a escuchar música. Lo primero que sonó fue Cryin' de Aerosmith, era una de mis canciones favoritas, la letra y la melodía se unían tan perfectamente, creando un sonido tan hermoso, como casi todas las canciones de esa banda. Cuando me encontraba en la letra E, estaba escuchando Emotional Rescue, de The Rolling Stone, pero el sueño me ganó y mis párpados se cerraron abriendo paso a la negrura.
Cuando abrí los ojos estábamos en Denver, Colorado, y faltaba un largo tramo todavía, para llegar a Las Vegas, así que, ya que no tenía otra cosa que hacer, volví a prender mi mp4 y ahora sonaba Never Enough, de Kiss.
Las diez y media de la noche. —dije mirando mi reloj, mientras me refregaba los ojos y me paraba del asiento. Tomé mi bolso y el bolso rosa, donde tenía unas ropas, y fui hasta el baño. Trate de despertarme un poco, así que lavé mi cara, me peiné, me maquillé un poco y luego me coloqué un vestido por arriba de la rodilla de color crema con tiritas, y unas sandalias. Salí del baño y fui hasta una de las muchachas que estaba vestida de azul.
Disculpe... ¿Dónde estamos?
En Salt Lake City, Utah. —contestó la mujer. — ¿Usted a dónde viaja?
A Las Vegas.
Falta una hora de viaje o un poco más... ¿Quiere algo de cenar?
No, gracias. —contesté, ya que mi estómago estaba cerrado.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Reseña: El duque y yo - Julia Quinn


Título: El duque y yo
Serie: The Bridgerton #1
Autor/a: Julia Quinn
Editorial: Avon
Género: Histórico/Romántico
Año: 2000
Número de páginas: 209

Todos parecían divertirse en aquel baile que reunía a lo más selecto de la sociedad londinense. Todos, excepto ellos dos. Daphne, una hermosa joven agobiada por su madre, y Simon, el huraño nuevo duque de Hastings, tenían el mismo problema: la continua presión para que encontraran pareja.
Al conocerse, se les ocurrió el plan perfecto: fingir un compromiso que los liberara de más agobios. Pero no sería sencillo, ya que el hermano de Daphne, amigo de Simon, no es fácil de engañar, ni tampoco lo son las avezadas damas de la alta sociedad. Aunque lo que complicará de verdad las cosas será la aparición de un elemento que no estaba previsto en este juego a dos bandas: el amor.
Desde que fue presentada en sociedad, Daphne no tiene un momento de respiro. La culpa es de su madre, a la que adora, pero que está obsesionada con encontrarle un marido cuanto antes. Lo peor del caso es que los hombres razonablemente deseables no están interesados, y los que sí lo están son unos incansables pesados de los que tiene que librarse... incluso a golpes. Por eso acepta encantada la idea del duque de Hastings de fingir un noviazgo que ahuyente a los pretendientes. Aunque quizá también tenga algo que ver el hecho de que el joven duque comienza a resultarle cada vez más seductor.
Marcado por una infancia llena de soledad y resentimiento, Simon Basset, el nuevo duque de Hastings, no quiere saber nada de la vida social de Londres ni, desde luego, de los intentos de las elegantes damas de “cazarlo” como marido para sus hijas. Cuando conoce a Daphne, cree haber encontrado el plan perfecto: un compromiso ficticio que mantenga alejadas a las pretendientes que lo agobian. Y cuando la atracción fingida comienza a convertirse en algo demasiado real, Simon deberá enfrentarse a los fantasmas del pasado que le impiden disfrutar la felicidad que el destino pone al alcance de su mano.

Cómo he dicho varias veces en reseñas de este tipo de libros, el género histórico-romántico es uno de mis favoritos, y más, aquellos que transcurren en el período Regencia de Inglaterra. El libro nos cuenta la historia del nuevo duque de Hastings (para los que no saben, en la jerarquía nobiliaria el duque es el de rango más importante, luego del rey y el príncipe), por lo tanto, es uno de los mejores partidos de la temporada londinense. 

Pero Hastings no quiere casarse, por lo que planea con Daphne (¡que lindo nombre!) Birdgerton un falso compromiso. Esto ya sabemos como termina... ¿Verdad? Pero da tanta vuelta que terminó siendo completamente diferente a lo que me esperaba.

La historia de amor de ellos es una que pasa no del “amor-odio” o algo así, si no de la amistad a sentir algo mucho más fuerte. La primera en dar ese paso es Daphne y lentamente Simon, el duque, va encaminándose a sentir lo mismo por la muchacha.
Situaciones que son de lo más divertidas pasan para que el destino de estos dos se unan, y allí la historia se tornó de un modo que hasta me gustó más. Los demonios que persiguen a Simon son algo que no pueden faltar ¿verdad? Siempre el pobre hombre torturado, y la bella dama que lo rescata.

 Pero este me agradó, porque el pasado de Simon aparece en las primeras páginas del libro y entendes, pobrecito, lo que pasó. Como Quinn enlaza las historias me gustó mucho, y por eso ahora estoy leyendo el segundo libro de esta serie, que si bien no es la historia de Daphne, continúa con la vida de los hermanos Birdgerton. Saludos, Danna.

•8/10•


martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de la elegancia - Capítulo 26


El precio de la elegancia
Capítulo 26

Con un vestido lila de cuello redondo y sin mangas, un sobretodo blanco al igual que los zapatos de tacón y el bolso, con el maquillaje en colores naturales y el cabello en una trenza, Elizabeth se encaminó, junto con Holly, hacia el restaurante Las Flores, dónde sus padres y la familia Pinault las esperaban. { http://www.polyvore.com/miranda_kerr/set?id=57750114 }
El lugar estaba ambientado como casi la mayoría de los restaurantes de cinco tenedores de París, en un estilo romántico barroco, con muchos colores, pero preservando esa linea clásica y elegante, que el precio de cada plato valía.
Buenos días. —dijo Elizabeth, seguida de Holly, para todos los allí presentes, donde Beth no solo se encontró con el Sr. Pinault y Jason, si no tambien con Sebastien y sus padres.
Por favor, tomen asiento. —pidió el señor Pinault, mientras Beth, luego de un tirón del brazo de parte de Holly la cual la colocó en la silla al lado de Jason, se sentaba y ordenaban todos sus entradas y platos principales.
Elizabeth, ayer te perdimos la pista. —soltó con trivialidad Sebastien, el cual, no quitaba los ojos de ella.
Es cierto, cariño. ¿Dónde fuiste? Holly dijo poco y nada.
La comida está deliciosa. —comentó Jason, para interrumpir el silencio incómodo que se formó, luego de aquella pregunta que Beth no respondió.
Fui a cenar con Jason. —responde a la pregunta de su madre, enfocando su vista al plato, haciendo que el desconcierto crezca en todos los allí presentes, mientras una gran sonrisa se forma en los labios de Jason, al igual que en la de Holly, la cual, estaba contenta de saber que Beth se estaba abriendo, poco a poco a Jason.
¿Cómo? ¿Con Jason? —inquiere Christy.
Así es, antes de que tu hagas planes, yo ya había hecho planes con él en el baile que tu organizaste antes de ayer. —le explica ella, bebiendo un sorbo de jugo. —Luego del desfile me pasó a buscar, y nos fuimos.
¿Qué tipo de relación tienen ustedes dos? —les pregunta Colette, en tono desestructurado, pero esperando una respuesta clara y concisa.
Nosotros... —comienza Jason, sin saber como terminar la oración.
Somos compañeros de universidad, y buenos amigos. Es bueno rencontrarse con gente conocida en un lugar tan alejado de Nueva York.
¿Solo esa clase de relación?
Bueno, lo que pasa es que... —comenzaba Jason de nuevo, siendo interrumpido nuevamente por Beth.
Por ahora. —responde como si nada Beth, mientras se lleva a la boca un pedazo de tomate.
¿Por ahora? —indaga Christy, con los ojos abiertos como dos platos.
¿Debemos hablar de esto justo en este momento? —inquirió ella, bebiendo como si la conversación tan seria que estaban teniendo era algo trivial. —Hoy en la noche partimos con Holly para West Point, deberías ser más conciderada.
Lo siento, cariño. —responde su madre, con esa sonrisa hipócrita que siempre lanzaba.
La cena pasó entre conversaciones del campo económico, donde el señor Rockefeller, el señor Palus y el señor Pinault, junto con Sebastien, hablaban a más no poder, sobre los mercados asiáticos y europeos, sobre la baja en la bolsa y demás cosas, que Beth no prestó atención, al igual que Jason, que en vez de abocarse a la charla con los hombres, entabló conversación más rápido con Beth y Holly, quien esta última, le hablaba de lo maravilloso que era ser modelo, sobre la colección de Carolina Herrera, y Jason, aunque no se pueda creer, contestaba y hablaba animadamente con ella.
¿Por ahora? —inquiere Jason, parándose frente a Beth, la cual estaba semi recostada en una columna, a la espera que su padre trajera el auto y las llevara a la casa, para terminar de hacer sus valijas e irse a Nueva York.
¿Qué quieres?
¿Cómo es eso que nuestra relación de compañeros y amigos es solo por ahora?
Claro, en un futuro, tal vez no seamos ni compañeros ni amigos.
Si no, marido y mujer. —dice él, dejando ver sus relucientres dientes detrás de esa sonrisa natural.
Cierra el pico, plebeyo. —le dice ella, frunciendo el ceño. —Y dime, ¿cuándo vuelves a West Point?
¿Todavía no te vas y ya me extrañas?
Era solo una simple pregunta de cordialidad. Si no quieres responder, no lo hagas. —musita ella, con desinterés.
Mañana en la noche, luego de terminar unos papeles de la empresa vuelvo a la escuela.
Vuelves como un plebeyo, ¿verdad?
Te pido, a ti y a Holly, que no comenten el hecho de PPR.
Como sea, tampoco tengo a quién decírselo. —dice ella, parándose derecha, en cuanto el auto estacionó frente a la puerta del restaurante. —Te veo luego.
Hasta pronto, su majestad. —responde él, besando su mejilla, mientras ella, sin decir ni hacer nada, sale del restaurante.

***
Con una blusa sin mangas blancas con detalles en negro, una pollera rojo sangre, una capa de estampado escoces y zapatos de tacón y cartera negra, con el cabello negro atado en una coleta alta y el maquillaje bastante marcado, Elizabeth caminó, al lado de Holly, por los jardines de West Point, logrando captar más de una mirada del alumnado. { http://www.polyvore.com/queen_is_back/set?id=53906702 }
¿Vas a decirme cómo es eso de que sales con Jason?
Otra vez... Eres tan repetitiva Holly que ya me casas.
Vamos, seme sincera Beth. Sabes que puedes confiar en mi cien por ciento.
Lo sé, pero...
¿Te gusta Jason?
No. —respondió ella, sin parar su caminata.
Oh, vamos Elizabeth. Deja de mentir.
No me gusta, tal vez... Me agrada más que otros chicos.
¿Te agrada?
Si. No me molesta compartir tiempo con él, me es entretenido hablar con él.
Eso, en mi mundo se llama gustar.
Vivimos en el mismo mundo, Holly. Y no, no me gusta, solo... No me desagrada.
Eres tan complicada, Beth.
Mejor cierra la boca, si no quieres que me vaya y no te hable más.
Está bien, no te molestes. —le dice la castaña, con una sonrisa, evitando el mal temperamento de Beth.
Debe enamorarme para las vacaciones de mayo, y yo voy a acceder a casarme con él, pero, si no lo concigue, debe irse para siempre de West Point.
¿Qué haz dicho?
Es por eso que salimos tanto, el está tratando de enamorarme o algo así...
Y tu, ¿por qué accediste?
Solo quiero ver como fracasa.
¿Segura? ¿O es que en verdad quieres que te enamore? —le pregunta, dejándola allí en el jardín de la escuela, con la cabeza dándole vueltas.