Blinking Cute Box Panda

jueves, 8 de noviembre de 2012




Libro Abierto
Capítulo 40

—Hola mi amor. —dijo Harry, besando mis labios y luego saludando a mi hermano.
—Hola Román, tanto tiempo. —dijo el, chocando los cinco y haciendo un saludo de ellos.
Todos subimos al auto y en menos de quince minutos nos encontrábamos en el Truman Collage.
Román salió corriendo, así yo no tenía oportunidad de ir a dejarlo a su salón de clase. así que de la mano, me fui con Harry a mi curso. Hoy tendríamos en las dos primeras horas matemática, con la profesora, que evidentemente no soy de su agrado, para nada. Cada vez que tiene la oportunidad de regañarme, lo hace, siempre trata de hacerme quedar mal frente a la clase, haciéndome ver mucho menos que ella, por mi inutilidad matemática.
—La odio. —le dije a Harry, luego de que me haga pasar al pizarrón, y como era de costumbre, me había equivocado. Había tenido un simple problema de símbolos, y en vez de poner menos, puse un más, y ella, exagerando como siempre dijo: "Señorita Romero, el más por menos, desde quinto grado, se sabe que da menos. No sé quien fue el profesor que la hizo pasar de año, sin saber hacer esa simple ecuación matemática".
—No te acongojes, es una mujer muy recentida, y se la agarra contigo. —me explicó Harry, susurrando y acariciando mi mano, por debajo del banco.
—Pero me está enfermando.
— ¿Pasa algo señorita Romero? ¿Quiere compartir algo con toda la clase? —preguntó la mujer, que parecía, con su estatura, un enano de jardín.
—No me sucede nada, profesora.—dije, apretando los dientes, para que de mi boca no saliera un: "¡Te odio enana maldita!" Pero gracias a dios, y a Harry, quien me tomaba de la mano y acariciaba, para que yo no pierda el juicio. Me quedé callada.
—Así me parcía. —contestó la docente, con aires de superioridad.
Así paso la clase, con sus constantes llamadas de atención, y pedidos de que pase al pizarrón. Cada vez que yo hacía un ejercicio bien, era por la larga explicación de Harry, y que después de todo, me salí bien. Pero como ella desconfiaba de que lo había hecho yo sola, y que mi compañero de banco lo había hecho por mí, me borraba el resultado, me sacaba la hoja y me pedía que lo haga devuelta. Y por supuesto, no me salía. Y ella me decía que me copiaba.
El timbre sonó, y agradecí por mis adentros. Porque si me encontraba unos minutos más con esta mujer, era hasta capaz de tirarle el borrador por la cabeza.
—Debes tranquilizarte, son profesores, y hagan lo que hagan, comporten como se comporten contigo, le debes respeto. —me decía Harry, mientras nos sentábamos en una banca del recreo, mientras todos los alumnos nos rodiaban.
—Lo sé, pero me enferma. —musité, cerrando los ojos. —Bueno... Hablemos de otra cosa, algo más lindo que esa... profesora.
— ¿De qué quieres hablar? —preguntó, acariciando mi mejilla.
—De lo que pensé toda la noche.—contesté, tragando saliva.
— ¿Y qué has pensado toda la noche?
—En ti, por supuesto. —le contesté, poniéndome colorada. A lo que él rió y besó mis labios.
—Yo también pienso en ti, todos los días y todas las noches.
—Pero... Pensé en algo más... Particular, en lo que a ti respecta.
— ¿Y eso sería...? —indagó para que yo continuara.
— ¿Te acuerdas lo que hablamos ayer en mi casa? —le pregunté, a lo que el se quedó pensando un minuto, para luego sonreir y mirar con sus ojitos achinados. — ¡Harry! —dije elevando el tono de voz, a lo que el rió.
—Si, si, mi amor, me acuerdo. —Contestó, poniéndose serio de repente.
—Bueno, yo estube pensando y... Si.
— ¿Si, qué?
—Que si, que quiero estar contigo, hacer el amor contigo...
El me abrazó para luego besarme, y colocar sus manos en mi cintura, para apegarme más a su anatomía.
— Lo vamos a hacer cuando tú quieras, yo no te voy a presionar para nada, Romance.
—De eso quería hablar, quiero... Hacerlo contigo, antes de la pelea.
—Ro, yo sé lo que pasa y no. —contestó con tristeza.
— ¿Qué? ¿No? ¿Por qué? —pregunté súbitramente enojada.
—Porque no me voy a acostar contigo por el simple hecho de que temas por mi vida.
—Esto no es por eso, Harry.
—Seme sincera, y dime que no lo quieres hacer antes, por miedo a que me muera.
—Claro que tengo miedo, Harry. —confesé, tomando su mano derecha. —Pero no es por eso, quiero hacerlo porque te amo, y porque quiero estar siempre contigo.
—Romance... —lo interrumpí.
—No me vas a hacer rogarte, ¿no? No habría algo más patético y humillate que rogarle a un chico que se acueste conmigo.
Al decir eso, el rió a carcajada limpia.
—No, claro que no. Una dama jamás debe rogar, y mucho menos al caballero, es todo lo contrario.
—Entonces no me hagas discutir, y ruégame. —Musité, y el rió nuevamente, a lo que luego besó mis labios cortamente.
— ¿Cuándo quieres que...?
—Cuando tú quieras, pero debes avisarme previamente y quiero que sea en un lugar lindo.
—Claro que si, nunca vas a olvidarlo. —me contestó, y besó mis labios, pero esta vez con un poco más de ardor. Pero antes de que nos podamos separar, el timbre sonó.
— ¿Te puedo hacer un pregunta? —indagó, mientras caminábamos hacia el salón de biología.
—Dime.
— ¿Por qué has dejado la clase de arte, si amas pintar?
—Es que... Prefiero estar contigo, que pasarme esas horas de mi fin de semana, y de la semana misma, en un salón de clase.
—Romance. —musitó haciéndome parar en el medio del pasillo. —Yo no quiero que dejes de hacer tus actividades por mi, si el arte es algo que te apasiona, no debes de dejarlo por mi.
—Es que, no lo dejo por ti, lo dejo por mi. Porque amo pintar, pero más amo estar contigo.
Al decir aquello, el sonrió de costado y besó mi cabeza, para luego tomarme de la cintura, y volver a encaminarnos al salón de biología.
La profesora comenzó a explicar un tema nuevo: Metavolismo Celular. Aclaró antes de comenzar, que debíamos prestar mucha antención, ya que era un tema muy complejo y que no iba a ser nada facil, pero no imposible. Así que tomé mi cuaderno, y cada cosa que ella decía yo lo anotaba, dibujos, mapas conceptuales y todo lo que pudiera escribir en esa pizarra yo lo escribía, ya que necesitaba un ocho en su materia, si no quería venir a la escuela de verano.
—Es fácil, no te quejes, hay cosas más complejas.
—Si, claro... Tú has pasado esa misma clase, ¿cuántas veces? ¿Cien? ¿O más?
—Emm... Fueron más, pero ese no es el punto, es fácil, si quieres hoy vienes a mi casa, luego de la escuela, y te lo explico. Tengo láminas y demás, que van ser de mucha utilidad.
—Gracias. —le contesté, besando sus labios.

8 comentarios:

  1. Escribís demasiado bien! (soy señora horan pero cambié todo gg) seguila!

    ResponderEliminar
  2. Hola, encontré el link de este blog en fotolog. Y tengo una pregunta que hacerte ¿cómo entras a fotolog? yo hace tiempo que tengo uno, pero hace dos meses que no puedo entrar ya que me devuelve a la página de incio cada vez que escribo el nombre de usuario y la contraseña. ¿Me podrías ayudar por favor?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. pongo iniciar sesion & opongo mi fotolog & contra & listo (:

      Eliminar