Blinking Cute Box Panda

miércoles, 17 de abril de 2013

El precio de la elegancia - Capítulo 7



El precio de la elegancia
Capítulo 7


Con una pollera amarilla larga hasta por arriba de la rodilla, una musculosa de modal blanca con un moño negro en el cuello, a composé con el blazer ajustado en la cintura, un pequeño bolso azul y zapatos de tacón rosa { http://www.polyvore.com/blake/set?id=62412373 } Elizabeth ingresó a la cafetería, donde una mujer, de unos treinta años, cauta y silenciosa, le entregó un sobre de color madera que venía desde Francia para ella, enviado por Vladimir, por supuesto.
¿Qué es eso? —pregunta Holly, mirando el sobre de la chica, mientras se sentaban en la cafetería, y debido a quienes eran, como un servicio especial para ambas, un hombre vestido de smoquin se acercó a ambas para darles la carta del desayuno. Una vez que hubieron ordenado, y el hombre se retiró, Beth habló.
Esto es lo que Vladimir consiguió de esa sirvienta. —dijo la chica, abriendo el sobre. —Voy a destruirla.
¿Qué planeas hacer, Beth?
Esto es bueno. —dice ella, leyendo en el informe.
¿Qué es?
Una hipoteca con un atraso de cuatro meses.
Beth, no puedes... —decía, pero se calló ante la mirada que la chica le lanzó, esta, tomó su celular y marcó el teléfono que aparecía al lado del informe.
Agencia Federal de Financiamiento de Vivienda, buenos días.
Mi nombre es Elizabeth Rockefeller. —dice la muchacha, con voz dulce. —Quiero comprar un terreno, en Charlotte, Carolina del Norte.
Si, ¿tiene algo en mente ya, o todavía no?
Quiero adquirir la calle entera de South Park 43.
¿La calle entera? —pregunta la muchacha, del otro lado de la linea, sorprendida.
No, mejor que sea toda la manzana.
¿La manzana? —inquiere aún más sorprendida.
¿Acepta depósito? —pregunta Beth, con una sonrisa. Y luego de la creditación de la manzana llama inmediatamente al gerente de ventas.
Quiero el desalojo inmediato de las personas que estan usurpando mi territorio. —dice esta, enojada con el hombre de la agencia de hipotecas.
La compra de esa manzana fue sumamente abrupta, Srta. Rockefeller, necesitaría un plazo de...
Mire, con las otras personas no me interesa, si quiere, hasta les dejo la casa en lo que de verdad sale o se las regalo. Lo que quiero es el desalojo inmediato de la casa 2333 de South Park calle 43.
¿El... Desalojo? —pregunta el hombre.
Si en veinticuatro horas no salieron de mi propiedad, no solo voy a llamar a la policía, si no que, voy a hacer que su compañía tenga graves problemas.
Por supuerto, Señorita.
Creo que te estas excediento, Beth.
¿Por qué? Voy a regalarles una casa a todos los de esa manzana.
Vas a quitarle su casa a una persona solo porque su hija...
Ella me declaró la guerra primero. —la cortó la muchacha.—Tendría que haber pensado fríamente antes de meterse con un enemigo tan poderoso.
Y ahora... Pasemos al trabajo. Oficinas de Back of América, Sra. Margareth Roll. —dice tomando su teléfono y comenzando su labor.

                                                                               ***

Con una camisa de gasa marfil, un short gris, y unos zapatos de tacón rojo sangre a composé con un bolso, Elizabeth ingresa a la biblioteca principal de la universidad de altos estudios, para encontrarse, en la mesa que siempre usa, a Jason, con el ceño fruncido, mirándola fijamente. { http://www.polyvore.com/chic_high_heels/set?id=57445821 }
¿Otra vez tu aquí? Voy a empezar a pensar que tu amiguita es solo una excusa para verme.
¿Cómo pudiste hacer una cosa así? —le pregunta, entre sorprendido y enojado.
¿De qué hablas, cariño? —le pregunta ella, con una sonrisa hipócrita.
Devuélveles su casa, y su trabajo a los padres de Magda. —dice él, haciendo que ella largue un suspiro cansado.
¿Tan enojado solo por eso? Oh, pero niño, recién empiezo. Y ese movimiento fue solamente la entrada, todavía no serví el primer plato.
Te estoy hablando en serio.
Yo también, te lo aseguro. —le contesta ella, de mala manera.
¿Qué querías? ¿Verla suplicar tu perdón, llorando y sufriendo?
Mmm... —suelta ella, con una expreción de meditación en su rostro. —Si, más o menos. —acepta ella con una sonrisa socarrona.
De acuerdo, la odias a ella, pero sus padres no tienen la culpa, su hermano no tiene la culpa.
¿Tienes familia, Jason? —le pregunta ella, mirándolo fijamente. —En una familia, todos deben velar por todos, porque si un miembro de la familia cae, como una torre de naipes, caen todos. Así que, como la sirvienta cayó, cae toda su familia de plebeyos.
Piensa las cosas fríamente...
Siempre lo hago. —le contesta rápidamente. —Y no trates de hacer cambiar mi opinión, porque para mi, esto es solo un juego... Y dile a tu amiga salvaje, que yo, recién comienzo. —musita, girándose por donde vino, y saliendo de la biblioteca para dejar atrás al muchacho.


domingo, 14 de abril de 2013

Dramma Queen - Capítulo 35


Dramma Queen
Capítulo 35

Con un vestido corto de mangas tres cuartos azul claro, zapatos de tacón crudo y joyería muy fina y delicada { http://www.polyvore.com/cgi/set?id=48578093 } Emma bajó las escaleras principales del Castillo de Windsor, donde la mayoría de los empleados, como todas las mañanas, la saludaban con respeto y cordialidad.
Buenos días, Su Majestad real e imperial, princesa Emma de Austro-Hungría y Gran Bretaña e Irlanda del Norte. —dijo con solemnidad Formel, el "mayordomo real" del castillo, el cual estaba a cargo de todas, y he dicho todas, las actividades del palacio, y de los empleados del mismo.
Formel, buenos días. —dijo Emma, con una sonrisa. —Hola, chicos. —comentó, mirando a los demás empleados, que le brindaron sus mayores respetos.
Princesa Emma, tiene visitas.
¿Qué? ¿Quién es?
Soy yo, Emmu.
¡Zayn! —dijo ella, lanzándose a los brazos del pelinegro, el cual la levantó del suelo, girando dos o tres veces, haciendo que ella "volara" por lo aires.
¿Me has extrañado?
Hace casi un mes no te veo. ¿Por qué me has dejado tan sola?
Lo sabía, cuanto más tiempo estés sin mi, más desolada te ibas a sentir.
Cierra el pico.
Te extrañe, Abejita.
Yo también, no sabes cuento, pero... ¿Por qué has dejado la universidad?
No la he dejado, solo voy para rendir los exámenes, me harta ir a clase.
Eres un vago. —dijo ella, mientras este la tomaba de la cintura, y ella colocaba su brazo al rededor de la de él, y caminaban al comedor.
¿Ya desayunaron aquí? —preguntó Zayn.
Si. No. —dijeron al unísono Allison y Emma, mientras la segunda la fulminaba con la mirada.
¿Si o no?
Si, ya desayuné. —dijo Emma, mientras la rubia la miraba con fea cara.
De acuerdo y... ¿Qué pleneas para hoy?
Tengo que trabajar en los subsidios para la universidad, y además, tengo un trabajo práctico de el rey Ricardo corazón de León.
¿Eso quiere decir que no tienes tiempo para mi?
Depende... ¿Qué quieres hacer?
¿Podemos irnos ahora?
Tengo clase en una hora.
Okey. Entonces, después de clase, ve al invernadero Palm House, te voy a estar esperando.
De acuerdo.
Ah, y otra cosa.
Dime.
Ese vestido es horroroso, ponte algo más bonito.
¡Cierra la boca, Zayn!
Adiós, Abejita. —dijo el muchacho, riendo, mientras salía del castillo Windsor.


* * *


Gracias.
Deja de darle vueltas al asunto, Chrystalle, y dime que quieres. —dijo Harry, con su voz pesada y un tanto enojada, y antes que ninguno de los dos vuelva a mencionar palabra, la boca de la rubia se posó en la del príncipe, uniéndose ambos en un beso pasional, salvaje, iracundo, lleno de deseo, pero ni una gota de amor, se encontraba en aquel acto. El colocó sus brazos al contorno de su cintura, y ella, puso sus manos en su cuello, tratando de acercarlo más, si es que podía, a su cuerpo. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, Harry se separó de ella, quitando sus brazos de su cuello.
¿Qué pasó? —preguntó la elitista, mirándolo entre enojada y sorprendida.
Yo... No puedo, Chrystalle... No, no puedo. —dijo el, dirigiéndose a la salida del bar, pero antes de que el pueda hacer un movimiento más, ella tomó el brazo del muchacho.
¿Por qué no? ¿Por ella? —indagó la rubia, furiosa. — ¡Es solo un matrimonio arreglado! ¡Te casaste por tu abuela! ¡Nada más!
Eso no tiene nada que ver, con hacer lo que estoy haciendo. —dijo el muchacho, soltándose de su agarre.
¿Te has enamorado de ella? ¿De esa pobretona?
Es la princesa de Austro-Hungría y Gran Bretaña, puede ser todo, menos una pobretona.
¿La defiendes? —preguntó, indignada ella. — ¡Contéstame! ¡¿Estás enamorado de ella?!
¡No te interesa!
¡Dímelo, Harry!
¡Si! ¡¿Contenta?! —gritó, para luego salir del bar, y dejar a la muchacha con la mirada confusa, los ojos dilatados y furiosa como si no hubiera un mañana.
¿Eso hizo, joven Príncipe?
¡Estuvo fatal! ¡Lo sé!
¿La última parte? ¿Es cierta, Majestad?
Yo... No lo sé, es que ella es... Especial, ¿sabes? Me hace sentir diferente, me hace volar lejos de todo lo que me rodea, de todo lo que alguna vez me rodeó. Todas las preocupaciones del Castillo, todos los problemas con el parlamento, con mi abuela, con la universidad, con el canciller, los embajadores, los reyes y reinas de otras naciones, presidentes, intendentes, con la oligarquía nacional e internacional, empresarios, con... ¡Todo! Ella hace que me olvide de lo miserable que puede llegar a ser mi vida.
Eso es maravilloso, Su majestad.
No lo creo, Milfroyd.
Claro que si, ustedes son una pareja joven de recién casados... Les queda un largo camino por delante.
Casados por cuestiones políticas.
Eso no importa, el amor, puede ser destruído y construído en cualquier ámbito, joven príncipe. Y usted y la princesa, son encantadores juntos. —dijo el hombre regordete, sonriendo. —El espíritu noble y fresco de la princesa, con el suyo, recatado y elegante. Es un deleite.
Con unos zapatos de tacón negros, una cartera blanca convinando con un saco de hilo punteado en negro, al igual que el vestido corto con volados { http://www.polyvore.com/lookbook.nu/set?id=47348944 } Emma apareció en el gran botánico, atrayendo las miradas de los turistas y visitantes del lugar, los cuales al verla, la saludaban, la alagaban y le tomaban fotografías al azar. Ella entró al lugar, caminando delicadamente por el recinto, hasta encontrarse con la silueta de Zayn de esplada, el cual, habló sin voltearse.
Eres una Nelumbonaceae.
¿Eso es una clase de insulto? —indagó Emma, frunciendo el ceño.
Claro que no. —dijo este, acercándose a ella. —Una Nelumbonaceae, es una flor de loto.
Es bonita.
Tu eres una flor de loto. —musitó el muchacho, observando la bella flor rosacea.
¿Por qué?
Eres como ella, ella nace en el lodo, donde nadie espera que la belleza exista, y allí aparece ella, pulcra, pura, hermosa... Igual que tu. Una plebeya, transformada en princesa. —comentó el, con una sonrisa, mirando a Emma. —Eres la flor de loto más bella y hermosa que jamás me he topado.
Siempre eres tan dulce conmigo. —dijo ella, mientras lo miraba a esos ojos olivaceos que desde un principio la miraban con cariño.
Es porque te quiero. —contestó, sonriéndole.
Yo también, para eso somos amigos.
Abejita... Sabes que yo no siento precisamente eso por ti.
Zayn...
Te amo, Emma. —dijo este, mientras la miraba a los ojos fijamente, haciéndola presa de su mirada, esclava indefinida de ese mirar penetrante y elegante que el príncipe tenía. Grácil, misterioso, con un deje de pasión a lo prohibido. Emma veía en Zayn esa compañia innata, ese amigo fiel que la seguiría hasta el fin de los tiempos, ese, que aunque el Titanic de su vida se este hundiendo, él como capitan del barco, se iba a hundir con ella luego de chocar con el iceberg. Zayn era su soga de salvación, su más querido amigo y el único que siempre estaba para con ella en cualquier momento. Pero... No podía negar que su confeción la descolocó, y mucho.
Zayn... —susurró, un susurro que el viento se llevó, ya que su mente la traicionaba y ponía en una balanza lo que Zayn era para ella. Esa persona fiel, incondicional que siempre se encontraba a su lado, en las buenas y en las malas, brindándole su apoyo, su cariño incondicional... Pero no, ella estaba casada, con Harry del cual ella sabía que estaba enamorada. Y la imagen del muchacho vino a ella, como si de una corriente fresca de invierno la apoderara, como si desde el día que se conocieron, y la salvó de su horrible destino, se hubiera convertido en ese amor mágico, puro, y tan surreal, como si de un cuento de hadas se tratara. Como si su amor por Harry opacara a la tonta e insulsa Cenicienta.
Pero, Emma al instante volvía a la realidad, y sabía que con Harry no había nada posible, ya que el muchacho la detestaba. Pero, en otra mano, estaba Zayn, dulce, suave, delicado con ella. Siempre al pie del cañón y... Antes de que ella pueda pensar en algo más, los labios de él se posaron sobre los de ella, besándola con suavidad, dulzura, delicadeza, como si Emma fuera una pieza de la más fina cristalería, acabada de salir del fuego, moldeada a la perfección. Los labios de ella estaban entumecidos, sorprendidos, y tardaron en reaccionar ante el acto de él, pero Emma, se deliberó por unos instantes el hecho de quien era el que la amaba en su vida, y su única y clara respuesta fue un nombre: "Zayn".
Entonces, sin dudar más, le devolvió el beso, con parsinomia, con timidéz, y con dulzura, esa que se podía percibir por los cinco sentidos en el aire, algo abstracto pero a la vez tangible, algo mágico, pero a la vez real, algo puro y magestuoso, donde ninguno de los dos hizo ni dijo nada para cortarlo.
Esto no me gusta, para nada. Ser así con Harry... —soltó de repente Emma, pensando en lo malo que estaba haciendo, en lo incorrecto que era todo aquello.
¿Ser así con el? Emma, no seas tonta, y abre los ojos. Harry no es el bueno de la película, creeme.
¿De qué hablas?
El empezó todo esto, él fue el que primero tiró la piedra y escondió la mano.
Zayn, no comprendo.
Él se está viendo a escondidas con Chrystalle.
¿Su ex novia?
No tan "Ex".
Harry no haría eso...
Claro que si, haría eso y mucho más, además, su padre era igual, la manzana no cae lejos del árbol.

El precio de la elegancia - Capítulo 6


El precio de la elegancia
Capítulo 6

¿Estás bien, Beth?
¿Trajiste mi ropa?
Toma. —le dice Holly, entregándole un bolso de lentejuelas. — ¿Estás bien?
Estoy bien, Holl. Deja de preocuparte. —le dice esta, con una suave sonrisa, la cual estaba reservada en algunas excepciones solamente para Holly, debido a que era a ella, a la única que sonreía de forma natural, y no fingida como en todos los otros casos.
¿Te ayudo a cambiarte?
No, yo puedo sola. Gracias. —le dice, mientras Holly sale de la habitación, la chica se coloca un corsé negro con un decorado de piedrecillas, una pollera rosada al igual que los zapatos de tacón y el bolso, y sobre sus hombros descansaba un blazer blanco, su cabello estaba suelo en finas ondas, y su maquillaje era impecable, tratando de tapar las marcas de su rostro, aunque, a pesar de que el más caro maquillaje la cubría, seguían siendo visibles. { http://www.polyvore.com/lucy_hale/set?id=58313298 }
¿Estás lista, Beth?
Si, vamos. —le dice esta, saliendo del hospital luego de un día de internación.
Todo el mundo está hablando de lo que pasó. —le cuenta Holly, ya que más de un estudiante había posado sus ojos sobre ella.
Lo sé. —dijo esta, con su mirada fija en la nada.
No puedo creer que se haya atrevido a golpearte de esta manera... A ti. —dice Holly, altamente sorprendida, horrorizada y preocupada por ella.
Quiero la cabeza de esa sirvienta en una bandeja de plata, Holly. —le dijo Elizabeth, con ese tono autoritario y calculador, que hacía que un frío se cuele por la columna vertebral de la heredera Buffet.

                                                                           ***

Con un vestido negro entallado, una cartera a composé y zapatos de tacón verdes, Elizabeth apareció, con esa gracia y elegancia que la caracterizaba, en la escuela militar, seguida de su fiel sombre Holly. { http://www.polyvore.com/danielle_peazer/set?id=55758212 }
Los murmullos se empezaron a escuchar en cuanto ella apareció en el lugar, siendo cada vez más audibles debido a la gran cantidad de chicos que allí se reunían.
¿Magdalena Roll? —preguntó ella, con ese tono autoritario y prepotente que hacía a más de uno retroceder de su lugar. Todas las miradas se posaron ahora en la castaña, la cual, la miró con odio y miedo a la vez.
¿Qué quieres?
Puedo ser de todo, menos una perra traicionera. —le dijo con asco, mirándola despectivamente. —Jamás voy a clavarle un puñal por la espalda a nadie, soy frontal y directa. —le dijo, con esa sonrisa ladeada hipócrita. —Así que, vengo a decirte, de frente, no como tu que me agrediste por la espalda, como la salvaje que eres.
Eres una...
Cállate. Estoy hablando yo. —la interrumpió, de forma abrupta. —No soy un animal de pelea como tu, y eso es obvio, ya que fuiste criada como un animal de campo, mientras que yo, fui criada como una dama.
¿Qué es lo que quieres? —le pregunta, con el mismo odio y miedo de hace unos momentos atrás.
Nunca voy a levantarte la mano, creo que las palabras y los actos, son mucho más fuertes y dolorosos que los golpes, como los que tu me diste. —le dice ella, con su mirada fija en ella. —Eres una militar, debes saber que una guerra consta de batallas, y puede ser que tu hayas ganado una batalla, pero la guerra, pueblerina, voy a ganarla yo. —le dice, con la voz profunda, y recelosa. —No tienes idea con quien te metiste, voy a hacer que te rebuelques en tu propia miseria.
¿Vas a mandarme a echar como a la Sra. Donal?
Claro que no. —dice Elizabeth, con una risa seca. —Voy a mantenerte acá, para vigilarte bien de cerca. Y te digo, vas a arrodillarte y suplicarme que te perdone. ¿Quieres hacerlo ahora para ahorrarte, aunque sea, un poco de dolor?
Nunca me voy a arrodillar ante ti, princesa. —contesta con desición pero una capa de temor cubría sus palabras.
Lástima para ti... Tómalo en cuenta, y que todos estos testigos recuerden, que yo, te di la posibilidad de retactarte. Las siete plagas de Egipto van a ser una burla a comparasión del infierno que te espera, sirvienta. —le dice ella, dándose vuelta en su lugar, y saliendo de allí, compañada de Holly.

                                                                              ***

¿Por qué una persona necesita cambiarse tantas veces al día? —pregunta Jason, sentándose en la mesa de la biblioteca, frente a Elizabeth, la cual lucía un vestido blanco de strapless con un blazer del mismo color, unos zapatos de tacón amarillos y un bolso igual reposando sobre la mesa. { http://www.polyvore.com/free_fresh/set?id=46124275 }
¿Qué quieres, plebeyo? —le pregunta ella, sin quitar la vista de su libro.
¿No crees que te estás excediendo un poco con Magda? Es solo una niña de quince años. —le dice el, quitándole el libro de las manos.
Me tuteas, y me sacas las cosas de las manos. Parece que la educación te duró poco. —le dice ella, con una sonrisa irónica. —Creo que este cambio, es la mala junta.
¿Prefiere que le hable formal?
Me da igual como me hables, no eres muy significativo en mi vida de todos modos.
Magda es solo una niña.
Una salvaje, es la versión femenina de Tarzán... ¿O tal vez no tan femenina?
Te estoy hablando en serio.
¿Vienes a pedir por esa salvaje? —le pregunta ella, mirándolo fijamente con enojo. —Me golpeó, nadie se puede atrever si quiera a tocarme y ella... ¡Me golpeo!
No la justifico, pero tus métodos son hasta peores que un golpe.
Lo sé, cariño. Sé que lo que le voy a hacer es peor que un simple golpe. Pero su rostro, vale monedas, el mío, en otra mano, vale millones. —le dijo esta, poniéndose de pie y tomando su bolso. —No interfieras en mis planes, plebeyo, porque como un huracán, arraso con todo, y no me importa si estas en el ojo de la tormenta. —y luego de esas palabras, salió del lugar, con ese caminar cual ángel caído.

jueves, 11 de abril de 2013

Delirio de Fuego



Delirio de Fuego


Flor sin espinas te haz clavado en mi pecho
Dulce martirio, sin alma y sin sueños
Sangre de mi sangre, hueso de mis huesos
Quédate tranquila, pues yo te pertenezco
Enigma prohibido, de lo oscuro a lo incierto
Arquitecto del universo que se mantiene al acecho
Somos piezas de ajedrez, que juegan su juego
Mi reina, solo un alfil, en su puño de hierro
Solo una chispa se necesita, para propagar un incendio
Quema, arde, marchita mi alma con tu fuego
Trémulas sombras de humo son de lo que de mi queda
Tú, inmaculada e imponente, blanca y alba
La esperanza, la gloria, la ilusión
Que acalla el miedo y lo mata
Desafiemos la naturaleza, desafiemos el qué dirán
Las direcciones son muchas, pero solo una bastará
Tu amor, mi promesa
Tu sangre, mi castigo
Y he aquí, al tirano que domina
Como un dios benevolente
Juez de la moral y la verdad
De la razón y la mente
Solo quiere servirse de mi pasión desenfrenada
Consumir el fuego de mi amor
Y luego tirar de mí, las sobras de una mente foragida
Arde con vehemencia, que tu llama no se extinga
Has un delirio de tu fuego, y quémate la boca
Roja como la sangre, de tus labios mi desgracia
Mi anhelo descarriado, que incendia mi alma.