Blinking Cute Box Panda

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dramma Queen - Capítulo 53


Dramma Queen
Capítulo 53

— ¿A qué hora dijo?
—Está llegando tarde, alteza.
—Oh, ese chico.
—Sabe como es el príncipe Harry con la impuntualidad.
—Lo sé, lo sé... ¿Cómo me veo? —pregunta la muchacha mirándose en el gran espejo de la habitación. —Y se sincera, Allison.
—Se ve radiante, Su Alteza.
—Eres demasiado halagadora. —comenta ella, con una sonrisa. — ¿El chofer?
—En la puerta del hotel.
—Me voy. —dijo la chica, observándose nuevamente en el espejo, y corriéndose el mechón del la cara, donde su cabello caía en perfectos bucles por sus hombros y espalda, mientras que su maquillaje se basaba en delineador, rimel y un poco de brillo labial. Lucía un vestido de corte redondo corto, de color blanco con rosa viejo, unos zapatos de tacón cerrados del mismo color y una pequeña cartera a composé, al igual que el sobretodo largo hasta por arriba de la rodilla. { http://www.polyvore.com/untitled_73/set?id=51088997 }
Subió al auto, donde el chofer la llevaría a donde supuestamente debía ir, ya que Emma no tenía idea donde era ese lugar. Luego de una hora más o menos, la limusina estacionó frente a la entrada del parque Donaupark. El auto, continuó su recorrido en el interior del mismo, hasta que llegó a una parte, donde la calle era demasiado estrecha para continuar en auto. Entonces, Emma bajó del vehículo, y continuó caminando en linea recta.
La oscuridad de la noche la impregnó por completo, y fue allí, donde casi tropieza con los zapatos de tacón, entonces, unas luces se encendieron, alumbrando el camino por los costados. Y los árboles, que estaban decorando aquel pavimentado camino, estaban revestidos con luces de diferentes colores, titilando con parsinomia.
Emma continuó caminando, maravillada con los direntes tipos de colores de luces, y los árboles, hasta la cúpula, llenos de lucesitas titilantes. Hasta que pudo divisar, frente a sus ojos, una alfombra roja, que llegaba hasta una mesa, con un mantel blanco, la cual estaba rodeada por otras luces, y al lado de la mesa, estaba Harry, luciendo un traje negro como esa noche, y con una sonrisa impregnada en su rostro.
Emma caminó hasta él, con una sonrisa similar a la suya, y se acercó a paso más rápido hasta el muchacho. Este, la miró de arriba a bajo, y le sorió con más ímpetu.
—Gracias por venir. —dijo él, besando su mejilla, y tomándola de la mano. —Por favor, por acá, Su Alteza.
— ¿Por qué tan formal? —indagó ella, sentándose en una silla, luego de que este, la corriera caballerosamente.
—Quiero hacer las cosas bien, esta vez.
— ¿Las cosas bien?
—Primero comamos. Como sé, que la entrada no te gusta, comamos el plato principal primero. —dijo el chico, sonriéndole. —Carne asada con papas. ¿Tu favorito, verdad? —inquirió él, a lo que Emma, al correr la charola de plata observó la comida, y sonrió.
—Así es.
—Vino tinto Malbec. —comentó él, sirviéndole en la copa.
—Muy bien, príncipe Harry. Sabe mis gustos. —comentó ella, riéndo quedamente.
—De postre, tenemos helado de vainilla, dulce de leche granizado y chocolate. —dijo el chico, mirándola suavemente. —Y se escucha... —dijo este, tomando el reproductor de música, y dándole play. —The Beatles.
— ¿Eleanor Rigby?
— ¿O debería ser Let it be?
—Muy bien, muy bien... Debo felicitarlo. —musitó ella, sonriéndole. —Está exquicito. —dijo, refiriéndose a la cena.
—Por supuesto, fue hecho por mi.
— ¿Usted me ha cocinado? ¿No me está mintiendo? —preguntó ella, sin abandonar el tono formal, como él.
—Por supuesto que no, Su Señoría. Sería incapaz de mentirle. —respondió el muchacho, bebiendo un sorbo de vino. — ¿Desea volver pronto a Inglaterra? ¿O preferiría quedarse más tiempo aquí?
—Quisiera quedarme más tiempo en Viena. Además, tenemos que hacer mucho por aquí.
—Lo sé, debemos esforzarnos bastante. Y tenemos muchísimas visitas extranjeras, y visitas que hacer a otros países.
— ¿Vamos a viajar? —preguntó Emma, con una sonrisa centellante en los labios.
—Así es... París, Milán, Tokio, México, Río, Toronto, Roma, Munich, Nueva York, Buenos Aires, Sidney, Hong Kong y más, Su Alteza.
—Es maravilloso. —dijo ella, feliz, sin dejar de comer, al igual que él. Y luego de unos cuantos minutos volvió a hablar.
— ¿Me permite esta pieza? —preguntó el chico, parándose de su asiento, y extendiéndole la mano a Emma, para que se parara de su silla, mientras Don't let me down sonaba. Esta, le entregó su mano, y en un instante se puso de pie. Sus manos se enrroscaron en el cuello del chico, mientras que las manos de él, se posaron en contorno a su cintura, y se balanceaban lentamente al compáz de la música. Cuando pasaron por lo menos dos minutos, Harry se separó de Emma, y en un gesto tan antiguo, como romántico, se apoyó con una rodilla de soporte en el suelo, y la otra flexionada, y, dentro de su saco, tomó una cajita de terciopelo azul, y al abrila, Emma abrió los ojos como dos platos.
—Emma, dejando toda formalidad de lado, dejando el hecho de que somos príncipes de Gran Bretaña, dejando el hecho de que somos emperadores y reyes de Austro-Hungría, dejando de lado todas aquellas obligaciones que nos disponen el estar juntos. Como una mujer libre, eligiéndome como hombre, y no, como príncipe. ¿Quieres casarte conmigo? —preguntó el chico, exponiendo su corazón en aquellas palabras, y dejando a Emma, callada y entumecida. El chico, se puso más nervioso que el día de la coronación, al no optener respuesta de la chica, la cual, con los ojos llorosos observaba el anillo, y luego al chico.
—Yo... —soltó de repente, sin decir nada en realidad.
—Emma... Se completamente sincera.
—Yo... Yo... —dijo nuevamente, con la voz ahogada. —Si, si quiero. Quiero casarme contigo. —musitó con rapidez, como si esas palabras le quemaran la boca. El muchacho, con una sonrisa centelleante en los labios, tomó el anillo de la cajita, y, quitó el anillo que Emma tenía en su dedo anular derecho, del compromiso arreglado, colocando el nuevo, con suavidad. Era de oro blanco, con un gran diamante en medio, bordeada la piedra central con pequeñas piezas de brillantes, unida a estas, había dos tiras de pequeñas piedras que llegaban a la banda de oro blanco, reluciendo bajo su propio esplendor, y bajo la luz de luna que bañaba el lugar. { http://shop.nordstrom.com/s/bony-levy-bridal-diamond-split-shank-semi-mount-ring-nordstrom-exclusive/3212461?cm_cat=datafeed&cm_ite=bony_levy_'bridal'_diamond_split_shank_semi_mount_ring_(nordstrom_exclusive):384032&cm_pla=jewelry:women:ring&cm_ven=Linkshare&siteId=Hy3bqNL2jtQ-buKf4uXjDzYOcZmDVhNeeA }
Harry se paró del lugar, tomando de la mano a la castaña, y besando esta con parsinomia, para luego, tomarla de la cintura, y acercarla a él, posando sus labios sobre los de ella, en un gesto de dulzura y amor, encajando sus labios, como dos piezas de rompecabezas.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Reseña: Prom & Prejudice - Elizabeth Eulberg


Título: Prom & Prejudice
Serie: Único
Autor/a: Elizabeth Eulberg
Editorial: Scholastic US
Género: Romántica/Juvenil
Año: 2012
Número de páginas: 167


Después de las vacaciones de invierno, las chicas de la prestigiosa Academia de Longbourn se obsesionan con el baile de graduación. Lizzie Bennet, quien asiste a Longbourn con una beca, no está interesada en vestidos de diseñador y zapatos caros, pero su mejor amiga, Jane, podría estarlo—sobre todo ahora que Charles Bingley está de regreso después de un semestre en Londres.
Lizzie está feliz con el romance incipiente de su amiga, pero menos impresionada por el amigo de Charles, Will Darcy, quién es presumido y pretencioso. Darcy no parece no llevarse bien con Lizzie, por lo que ella asume es porque su familia no tiene dinero. Claramente, Will Darcy es un idiota pomposo— ¿entonces por qué Lizzie se siente atraída a él?
¿Podrán el orgullo de Lizzie y el prejuicio de Will mantenerlos separados? ¿O son una pareja más para el baile de graduación?



El libro es una versión moderna de Orgullo y Prejuicio, por lo que, por regla general, si no haz leído el original, te recomendaría que lo hagas. Más allá de eso, el libro cuenta la historia de Lizzy Bennet, una chica humilde que es becada en la prestigiosa Academia Longbourn, por ser pianista. La pobre Lizzy, al no pertenecer a la clase social de las alumnas de la escuela, tiene que soportar toda clase de maltratos y humillaciones. Allí solo tiene dos amigas, Charlotte, otra becada como ella, y a la que más quiere, Jane, quién tiene una hermana menor, Lydia.

En el baile de bienvenida del segundo semestre, Charles Bingley vuelve de Londres en compañía de su amigo, Will Darcy. Jane le presenta a Lizzy, Charles. Y esta cree que es un ser sumamente dulce y con una personalidad bondadosa como Jane, pero al conocer a su amigo, Darcy, la valoración que tiene de su persona dista mucho de la de Charles.

Ya sabes con lo que te vas a encontrar en cuanto lees la sinopsis, de comienzo a fin (si haz leído el original de Austen). La crítica que le puedo hacer es que el vocabulario que utilizan en el libro, o mejor dicho, la forma de expresión de los personajes, no cuadra con el momento histórico que la autora está escribiendo. Es demasiado arcaico, muy del Período Regencia en el que Orgullo y Prejuicio está escrito, por lo que esta versión moderna decayó un poco.
Más allá de eso me gustó, ya que Orgullo y prejuicio es mi libro favorito, por lo que esta historia, aunque conozco todos sus personajes de pe a pa, amo leerla una y otra vez, en distintos contextos históricos o con diversos pequeños cambios.



•7/10•


jueves, 29 de agosto de 2013

El precio de la elegancia - Capítulo 24


El precio de la elegancia
Capítulo 24

Elizabeth Rockefeller se caracteriza por muchas cosas, y una de ellas es sus conexiones, y decir que ella tiene una muy buena relación con la señora Carolina Herrera, es poco comparado con lo que en verdad es. Y allí lo demuestra, que luego de un llamado telefónico, la heredera Rockefeller consiguió, junto con Holly, ser modelos en la nueva colección de novias de la diseñadora venezolana.
— ¿Qué pasó? —indagó Holly, una vez que se encontraban en una habitación adornada con espejos, luces y dos maquillistas, los cuales, se encargaban exclusivamente de ellas dos.
— ¿A qué te refieres?
— ¿Por qué estabas peleándote con Jason? Creí que la relación entre ustedes dos iban más que bien.
—Que haya salido una vez con él y me haya resultado un poco más simpático con que en la escuela, no quiere decir que tengamos una relación.
—Sé que no lo vas a admitir, ni frente mío, ni frente a nadie en este mundo. Pero yo sé, que Jason te gusta.
—Holly, mi preciosa Holly. Yo sé que tu ves muchas de esas novelas románticas y estúpidas en la que la chica rica se casa con el chico pobre, pero la realidad no es así.
—No, la realidad es que el chico pobre, es un chico rico, que quiere casarse con la chica rica porque está enamorado, y la chica rica es tan tonta, que no se da cuenta que ella también está enamorada.
—Cierra el pico, Holly. —le dijo ella, de mala manera, mientras le aplicaban sombra.
—Nunca en la vida te vi así con un chico, y te conozco desde kinder. Cualquier chico que se te acerque más de diez centímetros lo sacas volando, y él, te agarra de la mano, y tu no te mueves una pizca.
—No tengo ganas de hablar incoherencias contigo.
— ¿Y qué piensas hacer? ¿Casarte con ese Sebastien o yo que sé?
—Ya te dije que es un idiota más de la lista de candidatos que mi madre tiene.
—Si, pero sabes también que chicas como nosotras no llegan a los treinta sin casarse. Jamás. —le dijo ella, mientras el maquillista le colocaba el delineador. —Tus padres van a casarte con el mejor partido, y tu, como tonta, vas a hacerles caso. Dejando pasar a el primer chico que en verdad te gusta por tu estúpido orgullo.
—Deja de repetir que me gusta, porque no me gusta.
—Elizabeth, te conozco más que nadie en este maldito mundo. —le dice molesta, Holly. —Sé cuando algo te gusta o no, sé cuando estás enojada o triste, y pretendes estar divina. Sé todo de ti, así que, por respeto a nuestra amistad, quédate callada y no contestes, antes de abrir la boca y mentirme.
—Estás insoportable. —musitó Elizabeth, poniéndose de pie. —Vamos, maquíllame en otro cuarto.
—Pero, señorita Rockefeller...
—Muévete, ahora. O quedas despedida. —le dijo ella bruscamente, mientras salía de la habitación dónde Holly estaba, y se dirigía a una habitación vacía donde la maquillista comenzó a ejercer su labor nuevamente, y cuando finalizó esta, continuó con el peinado de la muchacha. Cuando hubo terminado, dejando los ojos verdes de Beth remarcados con una fina linea negra, y unas sombras en plateado, y el cabello callendo en bucles bien marcados con una tiara en la cabeza, la muchacha se dirigió a cambiarse.
El vestido era de strapless blanco, con una falda con tul en la parte delantera haciendo volados y una cola con mucho tul, zapatos de tacón plateados al igual que toda la joyería de diamantes. { http://www.polyvore.com/outer_beauty_edition/set?id=53854374 }
—Las modelos, detrás del escenario. Estilistas, fuera. —dijo un hombre, el cual se suponía diriía el evento. Allí, todas las modelos ya cambiadas se encontraban en orden de subida a la pasarela, mientras Holly estaba qunta, ella, al tener el vestido más trabajado, era la modelo de cierre de desfile.
—Estás muy linda, Beth. —comentó Holly, en su típico tono dulce.
—Tu también. —respondió la muchacha, mientras la castaña lucía un vestido de straples que caía con delicadesa largo hasta los pies, luciendo zapatos de tacón del mismo color. { http://www.polyvore.com/love_at_first_sight_sponsored/set?id=49028685 }
—Lamento lo que pasó hace un rato.
—Está bien, no pasó nada. —dice Beth, con una sonrisa cálida, las cuales eran solamente dirigidas a ella.
—Cierra el desfile como toda una diva de pasarela.
—Desfila como una diosa, sé la mejor. —le dice ella, con una sonrisa, mientras sale a colocarse en la posición que le tocaba.
Cuando hubo pasado la anteúltima modelo, las luces se apagan, y la iluminación cambia, haciendo que solamente las luces del piso y la pasarela se enciendan, mientras que el reflector de detrás de la pasarela ilumina la llegada de la última modelo, la cual, camina con gracia y determinación por la pasarela. Cuando los aplausos aparecieron, y ella se dio de baja del pequeño escenario montado solo para ella, la diseñadora del desfile, caminó por la misma, siendo elogiada y aplaudida por los presentes, mientras cuatro modelos, la de apertura y cierre, Holly y otra más, se acercaron para el saludo final, colocándose dos y dos, a los costados de la venezolana, mientras los fotógrafos se deleitaban con aquella imagen.
—No creí que en verdad eras una diva de pasarela. —dice Jason, minutos después del desfile.
— ¿Qué haces aquí? —le preguntó Beth, detrás de escena, quitándose los zapatos de tacón y colocándolos sobre la mesa.
— ¿Por qué sigues molesta? ¿Puedes decírmelo?
—Que haya sido amable contigo unas pocas veces, no te da derecho a pensar que iba a ser así siempre. —le dijo ella, quitándose los aros y colocándolos dónde correspondía. —Además, el que quiere casarse conmigo eres tu. Tú deberías poner más empeño en enamorarme, no yo.
—Tus palabras son siempre como cuchillos. —le dice él, acercándose a la muchacha, la cual, se quitaba el anillo de diamantes y la gargantilla.
— ¿Entonces por qué quieres casarte conmigo?
—Porque sé que detrás de esos cuchillos, hay heridas tuyas. Heridas que espero sanar.
— ¿Además de militar y economista, eres médico? —pregunta con ironía.
—Voy a ser cualquier cosa que necesites. Si necesitas un médico, eso seré. Si necesitas un plebeyo o un heredero millonario... No importa el papel que quieras que interprete, yo lo haré sin dudar.
—Por ahora, necesito que seas mi asistente de vestuario. —le dice ella, con una minúscula sonrisa. — ¿Puedes bajarme el cierre? —le pide ella, haciendo que el muchacho coloque una de sus manos en el hombro blanquecino de la muchacha, para luego descender su mano por la tersa piel de ella, hasta llegar al nacimiento del vestido, y bajando el cierre casi hasta la cintura. —Gracias.
—Si de verdad estás agradecida y un poco arrepentida...
—No estoy arrepentida. —interrumpe ella, haciendo sonreír a Jason.
—De acuerdo, solo agradecida. —responde él, sonriendole suavemente. — ¿Puedo invitarte a cenar?
—Tengo otra cita, lo siento.
— ¿Otra cita? ¿Con quién? —pregunta él, frunciendo el ceño.
—Jean Sebastien Palus, ¿lo ubicas?
— ¿Con mi primo? —inquiere, con bronca mezclada con sorpresa.
—Así es, así que, lo siento.
—Yo también lo siento. —comenta él, con una sonrisa, dejando ver sus dientes blancos delineados por su gruesa boca. —Lo siento por mi primo que se va a quedar sin su cita de hoy en la noche.
— ¿Perdón?
—Porque tu, te vienes conmigo.
— ¿Y por qué estás tan confiado plebeyo?
—No lo sé... Uno debe tener siempre confianza en si mismo. —comenta el, caminando hacia la puerta. —Te espero en el hall, si no apareces, entiendo a quién elegiste. —le dice él, saliendo por la puerta, y detrás de esta le dice. —Fuiste la más hermosa.

domingo, 25 de agosto de 2013

Reseña: Espléndida pasión - Julia Quinn



Título: Espléndida Pasión
Serie: Blydon #1
Autor/a: Julia Quinn
Editorial: Titania
Género: Histórica/Romántica
Año: 2008
Número de páginas: 238

Poco antes de la fiesta en que será presentada en sociedad, emma sale a dar un paseo ataviada de sirvienta para que nadie la reconozca. La atrevida pelirroja ya ha decidido que no quiere casarse y que rechazará a cualquiera que se le acerque. pero un accidente la hace conocer al duque alex ridgely, un hombre guapísimo y tan rebelde como ella, que
le llega a lo más profundo de su corazón. sin embargo, emma sigue haciéndose pasar como una criada hasta que alex descubre que en realidad es la misteriosa prima de la familia Blydon. a pesar de sus intentos para no caer en las redes de este incorregible mujeriego, emma no podrá ocultar por mucho tiempo la pasión que le despierta alex. mientras, el duque encuentra en emma a una mujer valiente, inteligente y divertida, y le resulta cada vez más difícil resistirse a ella. ¿podrá el verdadero amor atravesar la coraza que cubre su encallecido corazón?


Los libros de Julia Quinn son siempre fabulosos, hay unos que me gustan más otros menos, pero nunca me quedo en la mitad del libro preguntando ¿lo sigo leyendo? Son frescos, divertidos y románticos, con ese toque de la época que tanto amo.


En espléndida pasión, se ve la historia de una americana rica pero sin ninguna clase, Emma, que va a visitar a Londres a sus tíos y primos y allí, fingiendo ser una criada para salir de la casa sin que su tía la descubra, salva a Charlie, el sobrino del duque de Ashbourne y este queda prendado de ella, pero claro, ella es solo una mucama. Pero esa noche, para darle las gracias a la criada Meg, él va a la casa de sus “patrones” y descubre que la sirvienta es el realidad Emma, engalanada con joyas y un vestido de seda, y allí, queda tovadía más enganchado de ella.

La historia es sencilla y nada nueva, pero cómo Quinn la toma, es totalmente divertida y por eso me gustó. Cabe destacar que no era lo que me esperaba llegados al punto medio del libro, y este cambio (la amistad de ellos dos, etc) me ha sentado de maravilla.


Por otra parte, los personajes, que si bien son bastante conocidos ya, la americana desfachatada y valerosa que siempre dice y hace lo que quiere y el aristocrático elegante y refinado, pero libertino y arrogante, me gustan mucho porque amo esa personalidad en los libros románticos-históricos (cliché, pero me encanta).

Conclución, la historia me gustó mucho, los personajes también y Quinn es una de las mejores escritoras de este género. La recomiendo mucho a ella, saludos. Danna.


•7/10•


miércoles, 21 de agosto de 2013

Dramma Queen - Capítulo 52


Dramma Queen
Capítulo 52


Con un vestido de una sola manga larga con corsé decorado en colores rojos y crudos, con una pollera con enaguas, zapatos de tacón color crudo con brillantes, una gargantilla de diamantes y rubíes, al igual que un brazalete, un anillo y un par de aros que colgaban de sus orejas, la castaña apareció con un delicado recojido, maquillaje más pronunciado que lo habitual, en la sala principal del hotel. { http://www.polyvore.com/masquerade_ball/set?id=53772966 }
— ¿Está nerviosa, alteza?
—Muy. —responde Emma, caminando por la gran sala. — ¿Y Harry?
—El príncipe se encuentra hablando unas palabras por celular con la reina. —responde Allison, acomodando el cabello de Emma.
—Ay este chico, que se apure. —dice la chica, mordiéndose las uñas.
—No lo haga, se le va a salir el esmalte. —la regaña Allison, observando la prolijidad de la manicura de ella.
— ¿Ya estás...? —suelta el castaño, observándola atentamente. Se quedó callado, mirándola detenidamente, desde los pies, hasta la cabeza. —Perfecta. —comenta, haciendo sonreír a Emma.
—Cuando los príncipes estén listos, salgan. El carruaje los está esperando en la puerta del hotel. —dice Allison, saliendo de la habitación, mientras Harry, se acercaba a Emma.
—Estás muy lindo. —comenta ella, observándolo lucir un traje azul perteneciente a su rango de coronel del Regimiento Real de Gales, con una fila de botones e hilos de oro en la parte delantera y una espada colgada en su cintura, el mismo que utilizó, el día de su boda.
—Tú estas hermosa. —le dice, besando su mano. — ¿Nerviosa? —indaga, haciendo que ella asienta en silencio.
— ¿Prometes no dejarme caer en ningún momento? Las escaleras del palacio son altísimas.
—Prometo que no te voy a dejar caer. —le contesta, tomando su mano. —Nunca.
—Gracias. —le dice en un susurro, con una sonrisa cálida en su rostro.
— ¿Vamos? —pregunta él, mirándola a los ojos, haciendo que ella, asienta. Ambos príncipes, tomados de la mano, salen de la gran sala, donde seguridad los rodea de inmediato, dando paso, hasta las puertas del hotel, donde una gran multitud los esperaba con ansias. Las calles de Viena se encontraban llenas de personas, con banderas del Imperio Austro-Húngaro, al igual que bandera del reino de Gran Bretaña. Los gritos y exclamaciones de todo el mundo no tardaron en aparecer, cuando los príncipes hicieron acto de presencia, al igual que los flashes de las cámaras, que los cegaban.
Escoltados por cuatro hombres de seguridad, dos de cada lado, Emma y Harry subieron al carruaje, que iba tirado por cinco caballos, recorriendo las calles de Viena. Al pasar por todos lados, donde el pueblo les daba la bienvenida a ambos, llegaron al Palacio Imparial Hofburg. Allí, los príncipes bajaron, encontrándose con un camino cubierto por una larga y delicada alfombra roja, que iba por el camino principal, hasta la entrada del lugar.
Seguidos por los periodistas, y los agentes de seguridad, entraron al imponente palacio, donde caminaron, hasta llegar a la sala más grande del lugar. Estaba amoeblado con bancos parecidos a los de una iglesia, repletos de las personas más importantes de Viena, los cuales tenían títulos reales, algunos eran parlamentistas, y otros eran miembros de las casas reales de todo el mundo. En el primer banco, se encontraba el último presidente, y ahora, primer ministro, acompañado del príncipe Karl, y su familia, y al lado de esta, la familia de Emma. Del lado de los bancos derechos, estaban los miembros de la familia real inglesa, siendo las personas más destacadas, la reina y Zayn.
Frente a todos aquellos bancos, había una imponente escalinata, la cual, en la cima, tenía los dos tronos. Harry, tomó fuertemente de la mano a Emma, la cual, estaba entrelazada con el brazo de su marido, y subieron lentamente las escaleras, en compañía de todas las miradas y cámaras del lugar. Y allí, al lado del trono de la emperatríz, se encontraba el abuelo de Emma, luciendo un traje militar negro, muy parecido al de Harry.
Los dos príncipes se sentaron cada uno en sus respectivos asientos, Emma a la izquierda de Harry. Y allí, un sastre, le entregó en un cojín de terciopelo rojo, al emperador, con la corona de la última emperatríz de Austro-Hungría.
El anciano, la tomó entre sus dedos, y con una reverencia, se inclinó ante ella, y la colocó en la cabeza de la princesa.
—Emma Ana Sicilia Isabel Habsburgo-Lorena, la declaro, bajo el poder que bajo nacimiento me otorga el imperio de Autro-Hungría, emperatríz imperial de Austria, reina Real de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslovenia, Dalmacia, Galicia y Lodomina. —diciendo esto, Emma, se inclinó ante el hombre, el cual, le sonrió con cariño y afecto.
Ahora, el hombre se colocó al costado izquierdo del príncipe Harry, y pronunció, con recocijo las mismas palabras que para Emma, mientras colocaba la corona en su cabeza.
—Harry Arthur David Alexander, lo declaro, bajo el poder que bajo nacimiento me otorga el imperio de Autro-Hungría emperador imperial consorte de Austria, rey Real consorte de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslovenia, Dalmacia, Galicia y Lodomina.
Los aplausos no tardaron en llegar, y la felicidad de entre los presentes era innegable. Los príncipes, ahora emperadores y reyes de Austro-Hungría, se miraron por unos segundos, en los cuales, se sonrieron abiertamente.

* * *

—Este es el día que esperé por más de cincuenta años.
—Abuelo. —dice Emma, abrazando al hombre.
—El protocolo, princesa. —le recuerda Harry, tomándola del brazo con delicadeza, ya que el salón estaba repleto de invitados, y también, algún que otro periodista.
—Quiero darles mis bendiciones, y desearles lo mejor en este camino arduo. Lo que les pasó en estos meses, es solo el inicio de sus vidas, el inicio de la aventura. Deseo, que cuiden mi amada patria, y que ella, los cuide y bendiga a ustedes.
—Agradecemos sus palabras, emperador.
—Espero con ancias, el crecimiento del imperio y reino Británico-Austro-Húngaro, al igual que el crecimiento de la familia real. —dijo el abuelo, con una sonrisa, mientras tomaba una copa, y brindaba.
—Felicidades, emperadores. —dijo Sofía, del brazo de su marido.
—Felicidades, hija. Estoy tan orgulloso de ti. —comenta el hombre, con los ojos cristalizados. —Y por supuesto, de mi yerno también. —prosigue, con una sonrisa.
—Gracias, papá.
— ¿Debo desearte la felicidad eterna, ahora? —exclama con sorna el pelinegro.
— ¿Quieres molestarme, Zayn? Hay demasiada gente, se educado. —dice Harry de modo tajante.
—He echado de menos tu feo caracter. —comenta el pelinegro con una sonrisa. —Y he extrañado los ojos de la emperatríz que ahora ni me miran.
—Gracias por venir, príncipe Zayn.—responde Emma, observando fijamente al chico.
—A que no me esperabas. —dice este, haciendo soltar una sonrisa.
—Bendiciones y buenos deseos a los nuevos emperadores y reyes de Autro-Hungría. —dice la reina, escoltada de sus empleados. —Estoy que muero de felicidad. Les deseo más que la felicidad eterna, jóvenes emperadores. Espero que cuiden esta tierra, como sé que en unos años, van a cuidar la tierra inglesa.
—Gracias, Su Majestad. —contesta Harry, con una sonrisa, acompañada de una reverencia por parte de Emma.

* * *

Luego de la gran celebración llevada a cabo en el Placio Imperial, ambos príncipes se dirigieron a la habitación de hotel, después del arduo día que ambos habían tenido. Emma, se dio un largo baño, se ató el cabello y se colocó una musculosa blanca con flores rosadas, un saco de lana gris, un short de jean y unas sandalitas chatas blancas. { http://www.polyvore.com/erica_mohn_kvam/set?id=49715558 }
—Y sigues usando esa ropa frente a mi.
— ¿Qué quieres que use? —le pregunta ella, colocando su mano en su cintura.
—Nada. —le susurra él, sobre sus labios, besando estos, haciendo que Emma sonría entre beso y beso.
—Harry. —le dice, mientras él, colocaba sus manos en la cadera de ella, atrayéndola más. —Harry...
— ¿Si? —le dice, bajando su boca por su clavícula y cuello.
— ¿Puedo llamar a Persia?
—Claro que si. —le responde él, haciendo que ella se separe de, mientras que rosa sus labios con los de él, y corre hacia su celular. Luego de marcar el teléfono del orfanato, y pedir hablar con él, el niño habló.
—Emma. —la saludó, con felicidad. —Te he visto en la tele, a ti y a Harry. Son emperadores.
—Así es, mi amor. Y cuando terminemos acá las cosas, vamos a volver a Inglaterra por ti.
—Te extraño mucho, Emma. —le dice, con dulzura, el pequeño.
—Nosotros también, precioso. Ya vamos a volver. —comenta ella, con suavidad. — ¿Qué andabas haciendo?
—Estaba jugando con Simon y Henry juegos de encastre.
— Entonces, ¿estás bien?
—Si. —contesta con dulzura él.
—Te veo pronto, Percy. Te quiero.
—Yo también, Emma. —le dice el niño, mientras ambos cortan la comunicación.